vie

10

jun

2016

EN LA EPOCA INTELIGENTE, AMAR INTELIGENTEMENTE


 

Una acepción poética del amar consideraría ignominioso ponerle el adjetivo de “inteligente” a un acto tan desmesurado, tan irracional, como lo es el amor. Sin embargo, utilizar conocimientos para mejorar el amor, como si de una técnica se tratase, puede resultar muy beneficioso para el bienestar propio y del entorno afectivo.

 

 

Como plantea Fromm en su obra El arte de amar, este acto es, de hecho, un acto artístico que requiere destreza y mejora, porque no solo implica recibir amor, como sujeto pasivo, sino volverse partícipe activo del mismo.

Es más dar que recibir

 

 

Quizás a muchas personas les aterra la idea de amar porque implica un salto al vacío: es dar, sin reservas,  afecto y cariño, sin control ni medida y, sobre todo, sin garantía de que será devuelto. Especialmente en la sociedad contemporánea, en la que es tan poco común ver personas que dan sin esperar a cambio, un acto de esta naturaleza no podría ser considerado inteligente. Sin embargo, lo es por el simple hecho de que la única concepción auténtica y duradera de amor es aquella en la que ambas partes, unidas en el deseo de mejorarse mutuamente, se entregan todo de sí. 

No es nocivo ni posesivo

 

Toda relación que cause más daño que beneficio es una relación tóxica. En ese sentido, el amor real e inteligente no puede hacer daño al sujeto amado, por razones obvias. No obstante, en las relaciones interpersonales profundas, que implican mucho amor, es natural que haya disonancias y desacuerdos que puedan dañar emocionalmente a alguno de los implicados.

 

 

Sin embargo, el amar inteligente también implica manejar estas diferencias para llevarlas a buen término, buscando el acuerdo y el bienestar incondicional del otro. Por otra parte, la idea de que los celos son positivos debe ser descartada: el amor real presupone la autonomía de los amantes, quienes guardan entre sí extrema confianza. 

 

Este amar inteligente idóneo no se logra de la noche a la mañana. Se debe avanzar en pro de este sentimiento tal cual como un artista fabrica una obra maestra: a base de empeño, dedicación y voluntad.

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