sáb

12

nov

2016

APRENDER A COBRAR


Reclamar una deuda para muchos significa una tarea bastante difícil de emprender, más aun cuando el deudor es una persona querida. La cuestión está en una forma de creencia limitante que se basa en la premisa de que: al cobrar, se causa molestia. 

Es posible según ese mismo pensamiento, que hasta se pueda perder una relación de amistad o quizás de pareja, por solicitar el pago de un dinero o el cumplimiento de un compromiso previamente adquirido. Pero, hay que aprender a cobrar, lo que no se cobra, se olvida y deuda que se olvida se suele perder. Son pocos los casos en los que el deudor está siempre pendiente de que debe pagar y busca formas para honrar esa deuda, inclusive buscando a su acreedor, este tipo de personas, es el que debemos ser, el que honra sus deudas. Porque ese factor es parte del establecimiento del orden en la vida y ya hemos tocado ese tema, así que volvamos a la necesidad de cobrar:

 

No importa quién sea el deudor, tiene que cumplir con su responsabilidad.

Las deudas no son solo de dinero, son de compromisos de diversa índole, se puede deber una cantidad de dinero, también puede ser una actividad que habiéndose comprometido, no se ha realizado y esa persona encargada de tal función, es deudora para con quien se haya comprometido, en ese caso la forma de cobrar es exigir que se haga lo acordado. Por ejemplo, los políticos generalmente tienen una deuda con la sociedad, ya que, en su campaña de elecciones, prometen muchas cosas, se responsabilizan por acciones a futuro que jamás completan ni entregan, como pueden ser: obras de infraestructura, solución a problemas de salud pública, creación de políticas y estrategias para ayudar al pueblo y administrar los recursos, su principal función. Por esta razón, no se considera que un político sea totalmente próspero, lo que tiene es poder, mas no prosperidad, su carrera puede acabar en cualquier momento, con el simple hecho de aplicar ese apartado del juramento, el cual se aplica para cada persona: “si cumples, que Dios y la sociedad os premien, si no, que os demanden”; así mismo es con los cobros, quien no cumple, le será demandado el pago. 

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