mié

21

ene

2015

ACERCA DE LA VERDADERA SEGURIDAD


La  verdadera seguridad que refleja un ser humano es algo que tiene que ver ante todo con la prevalencia  de lo espiritual antes que lo material. 

  

 

Cuando adoptamos el tipo de seguridad que tiene que ver con el conocimiento interior, con la satisfacción de sentirnos valiosos, con el sentir a Dios como nuestro guía interior, es cuando estamos entonces ante la genuina y auténtica seguridad. Es autentica porque nada ni nadie nos la va a quitar, porque somos seres espirituales, y en ese ámbito no caben susceptibilidades externas.

 

 

Es cierto, que en el mundo actual predomina una “falsa seguridad”, es la que tienen los seres no espirituales, es una “seguridad” que tiene que ver con la dependencia. Esta dependencia puede ser la apariencia física, la riqueza, la posición social, y también la experiencia. Por ejemplo la seguridad por apariencia física es quizás la más falsa de todas.

Mucha gente, nace y se desarrolla con una confianza que no ha venido de su fuero interno, sino de un concepto externo como lo son los parámetros de belleza que establece la sociedad.

 

Pero allí está toda esa información es nuestra herencia maligna del pasado.  Aun cuando la información de prejuicios y absurdos parámetros de belleza ya está en los genes, es en el desarrollo de niño a adolescente, y con más fuerza de adolescente a adulto en que la persona se va haciendo cada vez más consciente del papel que le tocará desarrollar en la sociedad según sus “atributos” físicos.

 

 

Entonces según ello se enfocará agraciado o no, y de su medición en dichos parámetros tomará referencia de su nivel de  confianza que moldeará su autoestima. Entonces dicha confianza se incrementará o reducirá  también en relación directa con lo que los demás también piensen de uno.

 

 

Es decir según se le aprecie por su estatura, sus ojos, su cuerpo, etc.  se hará un balance de que parte de su cuerpo o rostro sale aprobado y si el balance es cuantitativa y cualitativamente alto en el parámetro; la autoestima es alta, de lo contrario el autoestima será menor en el hombre o mujer común o  “normal”  de la sociedad.

 

Sobre esa base, está claro que ceñirse a los parámetros de la sociedad  revela una falsa seguridad, porque se parte de una confianza que no es nuestra, que es externa a lo largo de nuestra vida. Y justamente por no ser algo interior, por ser algo de lo que no somos dueños, es también fácil perderla. Además no se puede ser realmente feliz cuando se tiene apego por el “yo físico”, es nuestra identificación con el  “yo espiritual” lo que nos da una auténtica seguridad y por ende felicidad.

 

Los jóvenes que se sienten “bellos” se vuelven viejos y pierden digamos esa “belleza”, los ricos pueden volverse pobres, pueden  enfermarse, y el dinero o la posición social de nada les va a servir. Porque lo único que les puede dar esperanza de “algo” mejor en la vida es tener esa confianza que proviene del interior que es energía pura de autoliberación.  Cuando se tiene aquella sí que se es invulnerable al paso del tiempo, y hasta el reto de la muerte puede parecer estimulante.

 

 

Sin duda, esa verdadera seguridad que es la del alma nos permite enfocar la vida con mayor valor porque nos sabemos artífices de nuestro propio destino. La verdadera seguridad que además implica confianza y aplomo deviene  de un proceso de desarrollo espiritual que implica depuración de pensamientos nocivos.

 

La verdadera seguridad, es además pura, no está contaminada por el entorno “del que dirán”.  El que la consigue se convierte en un ser realmente poderoso.

 

 

Mardam

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